En medio de la alerta roja que vive la revolución bolivariana y el despliegue militar estadounidense en el Caribe, Cilia Flores mantiene su rutina pública, posando recientemente en las obras del monumento al Gran Cacique Guaicaipuro, vestida con su "chándal rosa". El presidente Nicolás Maduro, con su habitual folclore, se dirigió a ella gritando: “¡Vente Cilita! ¿Ustedes conocen a Cilita? ¡Esssso!”. Esta imagen de la "primera combatiente revolucionaria" —un título que se inventó para evitar la denominación "tan burgués y occidental de primera dama"— es la que Maduro se esfuerza por proyectar. El mandatario usurpador se empeña en infantilizarla a diario ante su audiencia, contando que un día ella hace una arepa para desayunar y otro “le pone las medias (calcetines)”, presentándola casi como un "florero en la vida presidencial". Sin embargo, los analistas alertan de que no hay que dejarse engañar: Cilia Flores no es la "dulce abuelita de 69 años (seis más que Maduro)" que participa en maratones televisivos. La realidad es que Flores es un "animal político" y la auténtica jefa del ala civil del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), funcionando como el contrapunto necesario para equilibrar a los militares de Diosdado Cabello. La influencia de Flores es tal que la consultora Carmen Beatriz Fernández, especialista en ciberpolítica, precisa que "la gran virtud de Cilia es hacerse la modosita y la que le ríe las gracias al marido, bien distinto a lo que es en realidad". Fernández concluye que "Cilia es una mujer inteligente, sabe ejercer el poder y disfruta ejerciéndolo". De hecho, la fuente subraya que "Sin ella, Maduro no hubiera llegado a lo más alto". Su posición en el círculo de poder es incuestionable: Cilia está presente en "todas las reuniones con el alto mando político y militar, también en los viajes de sus aliados a Caracas". La consultora destaca que "Cilia siempre habla y sus palabras son de peso". Incluso Maduro reconoció su carácter fuerte en televisión, asegurando: “Ella tiene un carácter, candela pura”. Y como afirma la fuente, “Y esa vez no mintió”. La trayectoria política de Flores es anterior a la de su marido. Ella formó parte del equipo de abogados de Hugo Chávez en su celda de Yare tras el golpe de 1992, cuando Maduro era “apenas un sindicalista”. Flores llegó a ocupar puestos clave en distintas administraciones chavistas antes que su esposo, incluyendo diputada, jefa del grupo parlamentario bolivariano, contralora (interventora) general de la República y presidenta de la Asamblea Nacional.
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