00:00Checoslovaquia se había convertido en la esperanza del sistema comunista. Bajo el mandato
00:10del presidente Dubček se habían ampliado las libertades individuales y el cerrado sistema
00:14parecía flexibilizarse. La gente estaba feliz, se reunían bares, hacía fiestas. La llamada
00:20primavera de Praga cumpliría los anhelos de la población. Las autoridades soviéticas
00:25radicadas en Moscú, sin embargo, no veían con buenos ojos aquella libertad y en agosto
00:30de 1968 invadieron la ciudad. Los ciudadanos no daban crédito a cuanto veían. Las autoridades
00:36locales tuvieron poco que hacer y el presidente Dubček fue puesto bajo arresto. En pocos
00:41días cada praguense había pasado de tener un futuro esperanzador a vivir un presente
00:46sombrío. Nadie ha contado la amargura de esos meses como Milán Kundera en la insoportable
00:51levedad del ser. En esas circunstancias, en la plaza de Wenceslao, ante la mirada atónita
00:56de los transeúntes y alguno que otro militar, el estudiante Jean Palag se hincó, levantó
01:02la cara al cielo, se roció un balde de gasolina y se prendió fuego.
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