00:00A la deriva Horacio Quiroga. El hombre pisó algo blanduzco y enseguida sintió
00:07la mordedura en el pie. Saltó adelante y al volverse con un juramento vio una
00:11yararacuzú que arrollada sobre sí misma esperaba otro ataque. El hombre echó una
00:17veloz ojeada a su pie donde dos gotitas de sangre engrosaban dificultosamente y
00:22sacó el machete de la cintura. La víbora vio la amenaza y hundió más la cabeza en
00:28el centro mismo de su espiral pero el machete cayó de lomo dislocándole las
00:33vértebras. El hombre se bajó hasta la mordedura, quitó las gotitas de sangre y
00:38durante un instante contempló. Un dolor agudo nacía de los dos puntitos violeta
00:44y comenzaba a invadir todo el pie. Apresuradamente se ligó el tobillo con
00:49su pañuelo y siguió por la picada hacia su rancho. El dolor en el pie aumentaba
00:55con sensación de tirante abultamiento y de pronto el hombre sintió dos o tres
01:00fulgurantes puntadas que como relámpagos habían irradiado desde la herida hasta
01:05la mitad de la pantorrilla. Movía la pierna con dificultad. Una metálica
01:10sequedad de garganta seguida de sed quemante le arrancó un nuevo juramento.
01:15Llegó por fin al rancho y se echó de brazos sobre la rueda de un trapiche. Los
01:21dos puntitos violetas desaparecían ahora en la monstruosa hinchazón del pie
01:25entero. La piel parecía adelgazada y a punto de ceder de tensa. El hombre quiso
01:32llamar a su mujer y la voz se quebró en un ronco arrastre de garganta reseca. La
01:38sed lo devoraba. —¡Dorotea! —alcanzó a lanzar en un estertor. —¡Dame caña!
01:45Su mujer corrió con un vaso lleno que el hombre sorbió en tres tragos, pero no
01:50había sentido gusto alguno. —¡Te pedí caña, no agua! —rugió de nuevo. —¡Dame caña!
01:57—¡Pero es caña, Paulino! —protestó la mujer espantada. —¡No, me diste agua!
02:03¡Quiero caña, te digo! La mujer corrió otra vez, volviendo con la dama Juana. El
02:10hombre tragó uno tras otro dos vasos, pero no sintió nada en la garganta.
02:15—Bueno, esto se pone feo —murmuró entonces, mirando su pie lívido y ya con lustre gangrenoso.
02:22Sobre la honda ligadura del pañuelo la carne desbordaba como una monstruosa morcilla. Los
02:28dolores fulgurantes se sucedían en continuos relampagueos y llegaban ahora a la ingle. La
02:34atroz sequedad de garganta que el aliento parecía caldear más aumentaba a la par. Cuando pretendió
02:40incorporarse, un fulminante vómito lo mantuvo medio minuto con la frente apoyada en la rueda
02:45de palo. Pero el hombre no quería morir y descendiendo hasta la costa subió a su canoa.
02:50Sentóse en la popa y comenzó a palear hasta el centro del Paraná. Allí la corriente del río,
02:57que en las inmediaciones del Iguazú corre seis millas, lo llevaría antes de cinco horas a Takurupukú.
03:02El hombre, con sombría energía, pudo efectivamente llegar hasta el medio del río. Pero allí sus manos
03:10dormidas dejaron caer la pala en la canoa y tras un nuevo vómito, de sangre esta vez, dirigió una
03:16mirada al sol que ya trasponía el monte. La pierna entera, hasta medio muslo, era ya un bloque deforme
03:23y durísimo que reventaba la ropa. El hombre cortó la ligadura y abrió el pantalón con su cuchillo.
03:29El bajo vientre desbordó hinchado, con grandes manchas lívidas y terriblemente doloroso. El
03:36hombre pensó que no podría jamás llegar el solo a Takurupukú y se decidió a pedir ayuda a su
03:41compadre Alves, aunque hacía mucho tiempo que estaban disgustados. La corriente del río se
03:46precipitaba ahora hacia la costa brasileña y el hombre pudo fácilmente atracar. Se arrastró por
03:53la picada en cuesta arriba, pero a los 20 metros, exhausto, quedó tendido de pecho.
03:59—¡Alves! —gritó con cuanta fuerza pudo y prestó oído en vano. —Compadre Alves,
04:05no me niegue este favor —clamó de nuevo, alzando la cabeza del suelo.
04:09En el silencio de la selva no se oyó un solo rumor. El hombre tuvo aún valor para llegar hasta su canoa
04:16y la corriente, cogiéndola de nuevo, la llevó velozmente a la deriva. El Paraná corre allí,
04:22en el fondo de una inmensa olla, cuyas paredes, altas de cien metros, encajonan fúnebremente el
04:28río. Desde las orillas bordeadas de negros bloques de basalto asciende el bosque, negro también.
04:35Adelante, a los costados, detrás, siempre la eterna muralla lúgubre, en cuyo fondo el río
04:42arremolinado se precipita en incesantes borbollones de agua fangosa. El paisaje es agresivo y reina en
04:50él un silencio de muerte. Al atardecer, sin embargo, su belleza sombría y calma cobra una
04:57majestad única. El sol había caído ya cuando el hombre, semitendido en el fondo de la canoa,
05:03tuvo un violento escalofrío. Y de pronto, con asombro, enderezó pesadamente la cabeza. Se
05:10sentía mejor. La pierna le dolía apenas, la sed disminuía y su pecho, libre ya, se abría en lenta
05:18inspiración. El veneno comenzaba a irse, no había duda. Se hallaba casi bien, y aunque no tenía
05:25fuerzas para mover la mano, contaba con la caída del rocío para reponerse del todo. Calculó que
05:32antes de tres horas estaría en Takurupukú. El bienestar avanzaba y con él una somnolencia llena
05:39de recuerdos. No sentía ya nada ni en la pierna ni en el vientre. ¿Viviría aún su compadre Gaona
05:46en Takurupukú? ¿Acaso viera también a su expatrón, Mr. Dougal, y al recibidor del obraje? ¿Llegaría
05:54pronto? El cielo, al poniente, se abría ahora en pantalla de oro, y el río se había coloreado
06:01también. Desde la costa paraguaya, ya entenebrecida, el monte dejaba caer sobre el río su frescura
06:08crepuscular, en penetrantes efluvios de azahar y miel silvestre. Una pareja de guacamayos cruzó muy
06:15alto y en silencio hacia el Paraguay. Allá abajo, sobre el río de oro, la canoa derivaba velozmente,
06:22girando a ratos sobre sí misma ante el borbollón de un remolino. El hombre que iba en ella se
06:27sentía cada vez mejor, y pensaba entretanto en el tiempo justo que había pasado sin ver a su
06:32expatrón Dougal. ¿Tres años? Tal vez no, no tanto. ¿Dos años y nueve meses? ¿Acaso? ¿Ocho meses y
06:43medio? Eso sí, seguramente. De pronto sintió que estaba helado hasta el pecho. ¿Qué sería? Y la
06:51respiración... Al recibidor de maderas de Mr. Dougal, Lorenzo Cubilla, lo había conocido en
06:58Puerto Esperanza un viernes santo... ¿Viernes? Sí, o jueves. El hombre estiró lentamente los dedos de
07:06la mano. Un jueves. Y cesó de respirar.
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