Roma (Italia), 7 oct (EFE).- (Imagen: Álvaro Padilla) El papa Francisco pidió hoy "desactivar" cualquier "tentación fundamentalista" de las religiones, en un encuentro por la paz organizado en el Coliseo romano y que contó con la presencia de otros líderes religiosos mundiales, como el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomé I.
"Les ruego, en nombre de la paz, que en toda tradición religiosa desactivemos la tentación fundamentalista, cualquier insinuación a hacer del hermano un enemigo", dijo el papa en este encuentro religioso organizado por el movimiento católico de la Comunidad de San Egidio.
IMÁGENES DE RECURSO DEL ENCUENTRO POR LA PAZ ORGANIZADO EN EL COLISEO ROMANO Y QUE CONTÓ CON LA PRESENCIA DE LÍDERES RELIGIOSOS MUNDIALES, COMO EL PAPA FRANCISCO, EL PATRIARCA ORTODOXO DE CONSTANTINOPLA, BARTOLOMÉ I, Y LA CANCILLER ALEMANA ANGELA MERKEL.
INCLUYE TOTALES DEL PAPA.
Traducción:
Los saludo y agradezco a todos ustedes, jefes de iglesias, autoridades políticas y representantes de las grandes religiones del mundo. Es agradable estar aquí juntos, llevando los rostros de al corazón de Roma:
personas que cuidamos. Y es sobre todo importante rezar y compartir, de alguna manera las preocupaciones claras y sentidas por el presente y el futuro de nuestro mundo. En estos días
muchos creyentes reunidos, mostrando cómo la oración es esa fuerza humilde que da paz
y desarmar los corazones del odio. En diversas reuniones también se expresó la convicción de que es necesario cambiar las relaciones entre los pueblos y los pueblos con la tierra. Porque aquí hoy, juntos, soñamos con pueblos hermanos y una tierra futura. Pueblos hermanos. Decimos esto teniendo el Coliseo detrás de nosotros. Este anfiteatro, en un lejano En el pasado, fue un lugar de entretenimiento masivo brutal: luchas entre hombres o entre hombres y bestias. Un espectáculo fratricida, un juego mortal que se juega con la vida de muchos. Pero incluso hoy estamos presenciando violencia y guerra, al hermano que mata a su hermano como si fuera un juego visto desde la distancia, indiferente y convencido de que nunca nos tocará. El dolor ajeno no tiene prisa. Ni eso de los caídos, de los migrantes, de los niños atrapados en las guerras, privados del descuido de una infancia de juegos. Pero no se puede jugar con la vida de los pueblos y los niños. No puedes quedarte indiferente. Por el contrario, es necesario empatizar y reconocer la humanidad común a la que pertenecemos, con sus esfuerzos, sus luchas y sus flaquezas.
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