El 21 de septiembre de 1327, Eduardo II, tras haber sido obligado por el Parlamento a abdicar en favor de su hijo, es brutalmente asesinado en el castillo de Berkeley, en Gloucestershire (Inglaterra).
Eduardo de Carnarvon fue el cuarto hijo de Eduardo I y se convirtió en heredero del trono tras la muerte de su hermano mayor Alfonso. Es vox populi que este rey inglés disfrutó de la compañía tanto de hombres como de mujeres, pues los ungidos de Dios eran libres de hacer el amor con quien quisieran, aunque la homosexualidad seguía siendo condenada por la Iglesia Católica.
Todos los registros aciertan a exponer a Eduardo II como un hombre de capacidad limitada, quien emprendió una larga y desesperada campaña para afirmar su autoridad sobre los poderosos barones.
Tras ascender al trono tras la muerte de su padre (7 de julio de 1307) inmediatamente otorgó los cargos más altos a los oponentes más destacados de Eduardo I. Se ganó el odio de los barones al otorgar el condado de Cornualles a su frívolo favorito (y posible amante), Piers Gaveston, entre otras cosas En represalia, los barones se apoderaron de Gaveston y lo ejecutaron en junio de 1312.
Eduardo II tuvo que esperar 11 años para anular las ordenanzas y vengar a Gaveston. Mientras tanto, el rey escocés Robert the Bruce amenazaba con deshacerse del señorío inglés. En general sus campañas fueron pobres e infructuosas y su esposa, la reina consorte, pasó de la desconfianza hacia él al violento desprecio.
Comentarios