Mientras los talibanes invadían Afganistán y todos los presidentes europeos salían a dar explicaciones informando sobre la situación del país, Pedro Sánchez seguía a cuerpo de rey en La Mareta.
Acompañado de su esposa Begoña, tostándose al sol, en la tumbona y con alpargatas, el socialista se limitaba a poner dos míseros tuits zanjando el asunto.
Cuando los soldados españoles y afganos que habían colaborado con el país, llegaron a suelo español, fue cuando el presidente se dignó en aparecer, sacándose la foto de postureo, y presumiendo de buena gestión.
Comentarios