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  • hace 8 años
Las imágenes muestran que el pequeño no estaba disfrutando del rito y lloraba desconsoladamente. El cura, nervioso, eleva la voz para seguir con su discurso, pero se molesta cuando la angustia del bebé lo interrumpe constantemente.

Primero intenta calmarlo con la voz, pero su nivel de nerviosismo aumenta, y lo toma de la cabeza con firmeza y brusquedad.

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