Esta especie de primate casi idéntica al chimpancé y catalogada como tal sólo en 1929 parece sentir una pasión especialmente intensa por el sexo. Lo practican con asombrosa frecuencia y en todas las combinaciones imaginables. El 75 % de esas relaciones no tienen nada que ver con la reproducción. Practican sexo en todas las combinaciones posibles, no sólo macho-hembra. También machos con machos y hembras con hembras, incluso cuando crían. Y en toda suerte de posiciones, comprendida la frontal. A veces hay sexo en grupo. Su vida sexual es desde luego más rica que la de los chimpancés. El que las dominantes sean las hembras provoca que la sociedad sea diferente. Las hembras no compiten tanto por la jerarquía. Y son menos territoriales. Eso limita la violencia. Si entre dos grupos de bonobos hay tensiones no se matan como los chimpancés. En seguida se ponen a hacer sexo. Al final aquello es más un picnic que una guerra. De nuevo tiene una lógica: las hembras ofrecen sexo a machos de diferentes grupos: eso significa que en el otro grupo puede haber familia. El miembro de un grupo rival puede ser un hermano. El sexo entre grupos, por supuesto, también reduce la territorialidad.
Comentarios