Saltar al reproductorSaltar al contenido principal
  • hace 10 años
Un niño keniata de once años cava con sus manos un agujero en la tierra, hasta dar con agua enfangada, para luego aclararla pacientemente, lavarse y lavar un vestido con ella y llenar un par de recipientes, que llevará a la choza donde vive con su familia. Al amanecer, ese niño emprenderá con su hermano pequeño el camino a pie hacia el cole (15 kilómetros de distancia, dos horas de recorrido), atravesando el desierto y sus peligros (los elefantes, por muy inofensivos que parezcan), y eso mismo harán al día siguiente, y al otro y... Estos primeros minutos de Camino a la escuela tienen una enorme fuerza emotiva, en cierto modo recuerdan a los documentales étnicos del maestro Jean Rouch. Pero la película no se limita únicamente a la ilustración de esta odisea diaria, sino que viaja a otros rincones del planeta para describir otros tres ejemplos parecidos: una niña de una aldea marroquí (22 kilómetros y cuatro horas de excursión, aunque en este caso una vez a la semana, pues pernocta en la escuela), un niño de la Patagonia y su hermana (18 kilómetros y hora y media, a caballo) y un niño minusválido de la India, cuya (precaria) silla de ruedas arrastran sus dos hermanos (cuatro kilómetros y hora y cuarto).

Categoría

📚
Aprendizaje
Comentarios

Recomendada