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hace 6 años

Los microenemigos patológicos de un soldado

EFESALUD
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Madrid, 23 feb (efesalud.com). El general médico, Manuel José Guiote Linares, jefe de la Brigada de Sanidad del Ejército de Tierra, se adentra en el núcleo de un enemigo invisible pero muy real, el de los virus y las bacterias, para explicar el conjunto de medidas de higiene y prevención contra las enfermedades infecciosas que tantos estragos causaron antaño y que hoy en día solo acarrean molestias microscópicas a los soldados.

En la guerra de Granada de finales del siglo XV, de los 20.000 muertos en las filas católicas, cerca de 3.000 fallecieron a causa de las heridas en la batalla y 17.000 sucumbieron por culpa del tifus exantemático, una enfermedad que transmiten los piojos.

Durante la guerra hispano-cubano-estadounidense de finales del XIX, fueron 49.485 los enfermos y 3.200 los heridos en 1895; al año siguiente, 232.714 por 10.610; y en 1897, 201.247 por 17.502; todos los casos registrados en hospitales.

Cualquier ejército que se precie "tiene su joya de la Corona en la Sanidad Militar, la salud del capital humano". Y para cumplir sus objetivos toma una serie de iniciativas previas al despliegue de los soldados.

"Nos basamos en el informe de inteligencia que examina el territorio, el clima, la temperatura, la variedad de animales autóctonos, los seres vivos potencialmente peligrosos -virus, bacterias, parásitos, etc.-, la vegetación y tipos de plantas venenosas , las infraestructuras tanto de comunicaciones como sanitarias, las costumbres, el tipo de enemigo y sus armas, etc. Elevamos los niveles de seguridad al máximo", garantiza.

Se tiene en cuenta hasta la religión dominante en el país.

"Un territorio musulmán condiciona que nuestros equipos médicos tengan que estar integrados con especialistas femeninos, como ginecólogas, para atender a las niñas, jóvenes o mujeres que lo necesiten sin encontrarnos con una resistencia añadida", pone de ejemplo.

Del informe de inteligencia también se deriva el calendario vacunal específico, independientemente de las vacunas profilácticas habituales.

Las misiones en Afganistán, Líbano, Irak, Dakar, Malí, Somalia, Gabón, República Centro Africana, operación Atalanta, Yibuti, Islas Cabo Verde, Turquía o Lituania requieren, según las zonas, vacunas de fiebre tifoidea, meningitis, poliomielitis, cólera, fiebre amarilla, rabia o encefalitis centroeuropea.

Aún así, son inevitables las infecciones. En Afganistán se han registrado ocho casos de leishmaniosis, patología que transmite el mosquito del género phlebotomus en Eurasia.

La higiene se afronta concienzudamente sobre el terreno, en especial con el control diario del medio ambiente, de la bromatología (producción, manipulación, conservación, elaboración y distribución de la comida), y del agua.

"Si un batallón de infantería sufre una toxiinfección alimentaria -ingestión de alimentos contaminados-... si de 400 hombres disponibles, 300 sufren diarrea... se han quedado fuera de combate sin necesidad de enemigos y con un costo logístico desproporcionado", expone.

Durante la guerra de Irak, en 2004, Sanidad Militar atendió a 47 soldados por intoxicación alimentaria; 16 de ellos ingresaron en el hospital.

Pero los ejércitos del primer mundo ya no sucumben ante las patologías infecciosas.

"El índice de enfermedades en las fuerzas desplegadas es igual o inferior al índice que se registra en el territorio nacional. Ahora prevalecen las heridas por arma de fuego o por accidente de tráfico, a pesar de que las enfermedades puedan convertirse en un agente del enemigo", aclara.

El general Guiote nos cuenta un caso.

"Las picaduras de garrapatas -existen 850 tipos- y las enfermedades que transmiten al chupar nuestra sangre (enfermedad de Lyme, tularemia, etc.) producen una sintomatología insidiosa, que no deja ver la gravedad. Estos parásitos nos han ocasionado inconvenientes en Irak y Afganistán".

Por lo tanto, no es lo mismo ir de viaje al polo Antártico en el Buque Hespérides que cumplir un mandato de la ONU en África.

"La antártida exige la prevención de la congelación y la hipotermia -temperatura corporal muy baja-. Tenemos que diseñar un equipo adecuado y concienciar a los integrantes de la misión de que nunca se expongan de manera innecesaria al frío", menciona.

"Si nos envían a una zona azotada por la fiebre amarilla, como en muchos países de África, debemos procurar la vacuna con suficiente antelación", continúa.

"Si el riesgo es paludismo -malaria- incidiremos en la prevención de la picadura del mosquito. Trataremos los uniformes con piretrinas y concienciaremos al soldado de que siempre lleve las mangas de la camisa hacia abajo, sin mostrar el brazo".

Para el general médico Guiote, "en cada misión nos dan el marco y el lienzo y nosotros pintamos el cuadro. La Brigada de Sanidad ofrece la mejor cobertura de protección a los soldados. Evitamos que mueran por las enfermedades".

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