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  • hace 11 años
No es la primera vez que una persona empieza a acumular un número excesivo de animales en su domicilio. Comienzan recogiéndolos de la calle, les permiten que críen, camada tras camada, son incapaces de deshacerse de ellos, de reconocer que no pueden alimentar a 50 bocas, ni mucho menos darles la atención sanitaria que merecen. Es el síndrome de Noé, un trastorno que, lejos de ser un hecho aislado, se repite constantemente por la geografía española, pero que no es noticia hasta que algún vecino se queja y las administraciones toman medidas. Sin ir más lejos, sólo la Federación de Asociaciones Protectoras de Animales (Fapam) ha rescatado en los últimos cuatro años cerca de mil animales procedentes de personas con este síndrome. Esta semana desalojaron a 50 perros de una casa de San Sebastián de los Reyes, Madrid. Su dueño los tenía en el interior de una habitación rodeados de todo tipo de suciedad, con sarna, parásitos. Muchos presentaban problemas óseos por falta de movilidad. Hace cinco años ya le habían incautado 79 canes. «Pedimos a las administraciones que se encarguen de vigilar a este tipo de personas. El 99,9%, aunque hayamos desalojado, vuelve a tener muchos animales», denuncia Mati Cubillo, presidenta de Fapam, quien asistió al desalojo del vecino de San Sebastián. «El propietario lloraba desconsoladamente, él quiere mucho a sus 50 perros, y el hecho de no poder tenerlos le supone un tremendo dolor», cuenta Cubillo, quien recuerda que son sólo cinco animales los permitidos por la ley española. «La última vez le dejaron nueve perros, un error por parte del Ayuntamiento. Esta vez le dejarán cinco, a los que esterilizaremos de manera gratuita»,

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