Pekín, 28 jun (EFE), (Imagen: Paloma Almoguera).- A medida que China puja por fortalecer su clase media, productos como el vino ganan peso en los hábitos de consumo de parte de la población. Antes destinado casi únicamente a agasajar, el país está pasando de apreciarlo sólo por su valor, a hacerlo también por su calidad. Y a apostar por ella.
Al suroeste de Pekín, a unos 40 kilómetros del corazón de la capital, se encuentra el distrito de Fanghsan. Situado entre las montañas Taihang y varios ríos y lagos, cuenta con tierras fértiles y un clima adecuado para la agricultura, por lo que es un enclave tradicional del cultivo de arroces, trigo y frutas de alta calidad.
Pero desde principios del siglo XXI las autoridades locales decidieron explotar más su potencial y poner en marcha "chateaus" (castillos) para la producción de vino, con el objetivo de llegar hasta los 100, con actualmente 33 o bien construidos o en proceso de construcción.