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  • hace 11 años
Madrid, 19 ene (efesalud.com). El enfermero Roberto Martín Serrano, que trabaja en la Unidad de Cuidados Intensivos del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, interviene por primera vez en el vídeoblog de enfermería para contarnos los pasos a seguir a la hora de "asear el cuerpo de mujeres y hombres que no pueden lavarse por sí mismos cuanto están convalecientes en una cama".

La higiene, que tiene que ser diaria o cuantas veces sea necesaria, "mantiene la vitalidad de la piel; elimina la suciedad, el sudor y el mal olor; se evitan las infecciones bacterianas; y se previenen las heridas. Además estimulamos la circulación sanguínea", dice.

Antes de comenzar, lavamos nuestras manos con agua y jabón y nos cercioramos de que la habitación preserva una temperatura agradable, evitando corrientes de aire. La enfermera o familiar deberá usar guantes.

Se preparan los barreños de agua caliente -de agua limpia y agua con jabón-, toallas, gasas y utensilios de higiene. Los dejamos junto al enfermo, al que explicamos lo que vamos a hacer.

Verificamos que la mujer o el hombre encamado disfrutan de intimidad: se le aísla del entorno, haciendo salir a las visitas o mediante biombos y cortinas, y se le mantiene desnudo el tiempo imprescindible, incluso a la vista de otros profesionales sanitarios.

El orden de lavado y secado corporal siempre se realiza de la misma forma: "Ojos, cara, cuello, hombros, brazos, manos, dedos, axilas, tórax, mamas, abdomen, piernas, pies, dedos, espalda, nalgas y genitales", explica el enfermero.

El paciente estará en la posición boca arriba -decúbito supino- y tumbado sobre la cama.

Se le desviste por la cabeza y después por los brazos. El camisón o pijama se saca en último lugar por el brazo que tenga un dispositivo de venoclisis.

Los ojos y la cara se lavan con agua sin jabón y se secan. Luego agua y jabón para el cuello, orejas, brazos y axilas. Se enjuaga y se secan.

En la zona del tórax y el abdomen "pondremos especial cuidado en los pliegues de las mamas y los michelines", detalla.

Tanto en las manos como en los pies, dedos y pliegues interdigitales se lavarán con minuciosidad.

Se coloca al paciente en decúbito lateral para asear la parte posterior del cuello, hombros, espalda y nalgas.

Dejamos para el final la zona digital, por lo que el enfermo volverá a la posición de acostado. Cambiamos las toallas, que deben ser más esponjosas, si cabe.

La higiene la efectuará desde los genitales a la zona anal. "Evitaremos llevar gérmenes del ano a los genitales. Usamos agua y jabón. Se enjuaga y se seca muy bien, sobre todo los pliegues cutáneos, con suma delicadeza", señala Roberto Martín.

Una vez que hemos lavado y aseado al paciente, podemos aplicar cremas, desodorantes y colonias. También repasamos las uñas.

Finalmente se cambia el juego de sábanas y usamos un pijama o camisón limpio para vestirlo de nuevo. Lo peinamos. El paciente disfrutará de una sensación de higiene plena, con lo que aumenta su autoestima, además de confort y bienestar.

Ahora solo queda que sus familiares y amigos le visiten y le muestren sus sentimientos, ya sea con unas flores, un buen libro, la noticias de la prensa o una conversación entretenida.

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