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    Francisco en su primera homilía El verdadero poder es el servicio humilde

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    Sebastian Ceroleni

    por Sebastian Ceroleni

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    Francisco ha dicho que la custodia del mundo debe ir dirigida principalmente a los más débiles. “Significa custodiar a la gente, con el amor de Dios, cuidar a los niños y a los ancianos, a aquellos que están en la periferia de nuestro corazón. Los cónyuges tienen el cuidado de los hijos y los hijos, con el tiempo, de los padres. Significa vivir con sinceridad las amistades. En el fondo, todo está confiado a la custodia del hombre y es una responsabilidad de todos”, ha dicho.

    “Sean custodios de los dones de Dios -pidió el Papa-. Y cuando el hombre falla en esta responsabilidad de custodiar encuentra lugar la destrucción y el corazón se vuelve árido. En toda época ha habido personas que han hecho planes de muerte”.

    “Para custodiar también tenemos que cuidar de nosotros mismos. El odio, la envidia, la soberbia ensucian la vida. Vigilar sobre nuestro corazón, de donde salen las intenciones buenas y malas, las que construyen y las que destruyen”.

    “No tenemos que tenerle miedo a la bondad. No tenemos que tener miedo de ser tiernos”, dijo el papa, sintetizando la idea que dio forma a su homilía.

    Francisco también dirigió unas palabras a las obligaciones que asume ahora como Santa Padre. “Celebramos al nuevo obispo de Roma, que implica un poder. Jesús ha dado un poder a Pedro. Tres veces Jesús le pregunta a Pedro sobre el amor. Custodia ovejas, custodia mis corderos. No olvidemos que el verdadero poder es el servicio y el Papa para ejercer el poder debe siempre entrar en ese servicio que tiene su cumbre luminosa en la cruz".

    "El Papa tiene que mirar el servicio humilde y como José recibir con afecto y ternura a toda la humanidad. En especial a los más pobres, a los más débiles, a aquellos que tienen hambre y sed. Solo quien sirve con amor sabe custodiar. Hoy, ante tantos cielos grises necesitamos ver la luz de la esperanza, custodiar la creación con una mirada de ternura y amor y abrir el horizonte de la esperanza”.

    “Recen por mi, amen”, dijo Francisco al cerrar su homilía.