Sexo en la carcel

RAUL ESPERT
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La ausencia de personas del sexo opuesto en la cárcel supone una adaptación sexual en forma de homosexualidad, masturbación o abstinencia. Estar en prisión implica alejarse del mundo conocido, cambiar las rutinas diarias y, en definitiva, adaptarse a un nuevo medio. Nadie nació para vivir entre barrotes, y lo que en libertad se nos ofrece gratuitamente, en prisión se desvanece. El sexo es una de esas rutinas que deben ser modificadas. En ausencia de personas del sexo opuesto, la tensión sexual amenaza con hacer explotar al preso, que decide darle respuesta mediante la masturbación o las relaciones homosexuales con otros presos.
A excepción de los presidios de régimen abierto, o de aquellos casos en los que se contemplan las visitas íntimas, la adaptación sexual es un imperativo para la supervivencia.

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