El casco de Dios: Michael Persinger (La cueva de Mahoma)

RAUL ESPERT
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La gente suele dar mucha importancia a sus percepciones y también a sus sensaciones. Si uno siente que Dios existe, tiende a pensar que es así. Ya no digamos si percibe alguna manifestación sobrenatural. Sin embargo, ¿dónde quedarían estas sensaciones si se pudieran inducir con un artefacto? Ésa es precisamente la función del casco de Dios, que se guarda en el laboratorio de neurociencia del doctor Michael Persinger, en Sudbury, Canadá. Concretamente en la sala C002, una cámara insonorizada que una vez se llamó la Cueva de Mahoma. El casco está lleno de imanes y cables y ha servido para llevar a cabo 25 años de experimentos con diferentes sujetos, que fueron expuestos a pequeños campos electromagnéticos. Tras un rato con este casco enchufado, el 90 % de los sujetos afirman experimentar una presencia extraña, algo especial, aunque el sujeto sea ateo, creyente, atleta o místico. Dependiendo de las creencias, el sujeto experimentará la presencia de Jesús o de algún ente sobrenatural.

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