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    Mozart: Efectos sobre el cerebro

    RAUL ESPERT

    por RAUL ESPERT

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    El Efecto Mozart es producto de la investigación del formidable equipo de trabajo del doctor Francis Rauscher, del doctor Gordon L. Shaw y de sus colegas de la Universidad de California en Irvine.
    Estos investigadores estudiaron la conexión que existe entre la música y el aprendizaje. Su trabajo se inserta en una creciente línea de investigaciones sobre el desarrollo del cerebro humano, que demuestran que los niños nacen con 100 billones de neuronas o células nerviosas desconectadas o sueltas.
    Cada experiencia del bebé, como ver la sonrisa de su mamá o escuchar una charla entre sus padres fortalece y forja la unión entre estas células.
    Aquellas partes del cerebro que no son usadas tienden a atrofiarse. Por esta razón, las primeras experiencias de un niño pueden ayudar a determinar cómo será cuando crezca.
    Algunos investigadores creen que el aprendizaje con música podría ser una de las experiencias que actúan de manera favorable para que estas conexiones del cerebro se realicen.
    A principios de los años 90, el doctor Shaw y su socio Francis H. Rauscher dirigían el primer estudio sobre música y aprendizaje.
    Un grupo de 84 estudiantes universitarios escucharon diariamente por 10 minutos, durante un tiempo determinado, la sonata en piano de Mozart.
    Al término de ese lapso, vieron que había mejorado su capacidad de razonamiento en tiempo y espacio, así como su habilidad de formar la imagen mental respecto a modelos que les habían sido mostrados visualmente.
    Estas destrezas son claves para ingenieros y arquitectos, ayudan a entender la proporción, la geometría y otros conceptos científicos y matemáticos.
    Sin embargo, esta mejora de los estudiantes se diluyó después de una hora. Los científicos especularon que la música, de alguna forma, prepara el cerebro para desarrollar la tarea de razonamiento tempo-espacial.