Adolescencia y modelos sociales: Aceptacion o rechazo

RAUL ESPERT
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Son tiempos en los que se promueve incesantemente los valores del mercado, como competencia -en este caso individual-, productividad y pragmatismo, mientras se dejan de lado o minimizan otros, de perfil social o comunitario. Al mismo tiempo, se desdeña el compromiso personal con los otros, por modelos de vida más superficiales o "light".

Esta situación, orienta hacia la instrumentalización de la vida, hacia un mundo de valores definido por la "utilidad" y "practicidad" de los bienes, ya sean materiales o simbólicos, culturales. Así, los "bienes culturales" pasan por un tamiz ideológico -la ideología mercadista- que los convierte en "bienes de mercado", generándose una "industria cultural" que pierde autonomía respecto al orden de la producción o, en el mejor de los casos, se reconstruye bajo otro concepto. En este sentido, el "paradigma eficientista", pasa a ser el valor dominante por el que se miden todas las cosas.

Así, finalmente, las personas terminan pudiéndose clasificar en dos categorías básicas: los ganadores, los que existen, y los perdedores, los que "no existen". Pero en estos términos, la mayoría no puede quedar sino del lado de los perdedores, que ya dijimos, "no existen".

En este marco, nuestros adolescentes y jóvenes aparecen como más prácticos de lo que fueron sus padres, es decir, no desdeñan un ideal, pero se preguntan por su efectividad, sin ser cínicos. La incertidumbre laboral, profesional, cómo obtener un empleo y conservarlo, pasa a ser una preocupación que carecía de tal entidad para la generación de sus padres o de sus hermanos mayores. La realidad a llevado a estos jóvenes a tener menos vocación para intentar cambiar el mundo que para luchar por integrarse a él. Son, el joven de clase media en dificultades y el joven "fogonero" que corta una ruta en Neuquén para pedir por un empleo de 200$ por mes y duración incierta.

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