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    Supersalmones transgenicos

    RAUL ESPERT

    por RAUL ESPERT

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    Desde hace más de una década se viene trabajando en distintos laboratorios del mundo en crear peces resistentes al frío, con hormonas de crecimiento humanas, con genes de insectos y otras variantes. La inserción de genes ha creado auténticos monstruos capaces de crecer hasta 10 veces más que los peces naturales. Pero finalmente, la industria ha logrado variar genéticamente con más o menos acierto orejas de mar, truchas, carpas, lenguados, langostas, gambas, salmones, rodaballos y sargos..., todos ellos destinados a la alimentación. Donde más se ha avanzado ha sido en los salmones transgénicos, porque la existencia de la industria actual de piscifactorías promete hacer un buen negocio. En concreto, la patente de A/F Protein es la de un salmón de crecimiento potenciado que aumenta de tamaño entre cuatro y seis veces más rápido y necesita menos alimento. Pero la presumible ventaja se queda en entredicho cuando se plantean las consecuencias de estos gigantes sueltos en mar abierto.
    Un informe de Greenpeace firmado por el doctor Jan van Aken demuestra que es imposible evitar que algunos se escapen, y que podrían cruzarse con las poblaciones naturales. Las consecuencias serían fatales para la especie natural, según el informe, que alerta incluso sobre la extinción total. Las compañías aseguran que pueden esterilizarlos, pero la técnica es segura en un 99%.
    Otro grave problema que se plantea es que peces artificiales de gran tamaño, que además son depredadores, como en el caso del salmón, la trucha o la carpa, podrían provocar desastres ecológicos de gran envergadura en su entorno. Mucho más, si se les hace resistentes al frío o a otros ambientes, donde depredarían en ecosistemas donde hasta ahora no llegaban, dañando a otras especies.