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    Sistema nervioso de las cucarachas

    RAUL ESPERT

    por RAUL ESPERT

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    El sistema nervioso de la cucaracha está completamente repartido o "descentralizado" por todo el cuerpo, y este diseño es común en muchos insectos, a tal punto que los entomólogos dicen que los insectos "piensan con la periferia del cuerpo". Casi todos sus comportamientos instintivos están basados en el sistema nervioso periférico y, de este modo, muchas de sus conductas devienen más rápidas y eficientes que si tuvieran que ir hasta el ganglio cefálico principal (lo que llamaríamos "cerebro") y volver. La cucaracha, entonces, tiene tres ganglios cefálicos (cerebro, ganglio central y subesofágico), varios ganglios torácicos (T1, T2...) y varios otros abdominales (A1, A2...). Los abdominales controlan funciones como la reproducción, y los torácicos otros como el vuelo o la fuga. Si usted ha entrado alguna vez en su cocina y encendido la luz, habrá observado la pasmosa, inconcebible velocidad de los reflejos de la cucaracha, que la hace buscar refugio en la oscuridad bajo un mueble en minúsculas fracciones de segundo. ¿Cómo lo logra? Gracias a su descentralización nerviosa. Cerca de la cola la cucaracha posee unos sensores de luz, que, al detectar la claridad, envían una señal al ganglio abdominal distal (A6). En este hay tres neuronas gigantes, cuyos axones van, sin escalas, a los tres ganglios torácicos T1, T2 y T3 que controlan los tres pares de patas. En cuestiones de décimas de segundo, las patas llevarán al insecto a un lugar donde A6 no encuentre luz. Estará, entonces, en una grieta del piso o algo similar, y por lo tanto, fuera de su alcance y a salvo.