Pequeños pensadores

RAUL ESPERT
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Aproximadamente entre los 4-5 meses, el bebé descubre la relación causa-efecto. Comprueba que es el causante de determinadas cosas que ocurren a su alrededor bien por causas físicas o emocionales. Se da cuenta de que el sonajero suena si agita la mano y de que si llora sus padres acuden a su lado.

Al recibir una respuesta favorable a una acción, el bebé la repite una y otra vez y comprueba que obtiene siempre el mismo resultado. Aprende de esa experiencia y la aplica a sus actividades futuras. Por eso el bebé tira los objetos que tiene a su alcance y espera que el adulto los recoja y se los vuelva a dar. La intención del niño no es molestar a sus padres con este juego, sino comprobar su influencia sobre el entorno.

El bebé reacciona ante su imagen en el espejo. Reconoce a las personas que están con él y observa sus acciones atentamente. Si los padres acercan su cara a la del bebé, éste en su afán de exploración, les tira del pelo o les toca la cara con la mano.

También comienza a mostrar su agrado o desagrado ante las personas y las cosas, cerrando por ejemplo la boca cuando se le da de comer algo que no le gusta.

El bebé utiliza ya un variado repertorio de habilidades para llamar la atención de los adultos.
Un impulso necesario para aprender es la curiosidad. Durante sus exploraciones, el bebé descubre aspectos importantes de sí mismo (su propio cuerpo, sus sensaciones, movimientos nuevos,...) y del mundo a su alrededor (la textura de los juguetes, su peso, el sonido que producen al caer, los distintos sabores, las reacciones de las personas,...).

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