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    Ideas de negocio: SOMRIE

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    Rafael Vigo es el director en Madrid de Somrie, una empresa que ha puesto en funcionamiento la idea del Personal Shopper Inmobiliario, una figura que acompaña al comprador en la compra de cualquier activo inmobiliario negociando siempre en favor del cliente.

    ¿Cómo surge la idea de poner en marcha este negocio?

    La idea de Personal Shopper Inmobiliario surge como casi todo, de una crisis, en concreto de la crisis inmobiliaria a partir del 2007. La idea es dotar de sensatez al mercado inmobiliario. El problema que hemos tenido nos ha llevado a la conclusión de que había nichos de mercado y necesidades que no estaban cubiertas. Esto se hace eligiendo una forma de actuar dentro de los actores inmobiliarios eligiendo estar posicionados a favor del comprador.

    ¿Quiénes son los socios y creadores?

    Todas las personas que estamos involucradas en SOMRIE venimos del mercado inmobiliario. Se inicia en Barcelona y al poco tiempo de estar funcionando nos incorporamos otras personas como yo.

    ¿Habéis contado con algún tipo de subvención?

    No hay recursos externos, hay aporte personal, mucho trabajo. Suplir la falta de recursos con trabajo e ingenio. Siempre hay familia o amigos que nos echan una mano pero hay sobre todo esfuerzo e imaginación.

    ¿Está teniendo el éxito esperado?

    Lo que era importante para nosotros era el dar a conocer la idea, el modelo de negocio, la posibilidad de racionar el mercado. El que los inversores se sientan seguros, tranquilos y que hay alguien que está con ellos. Dar a conocer esto y que se capte la idea.

    ¿Hay algo de romanticismo en esto de ser emprendedor?

    Si tiene de romántico todo aquello de decir tengo cierto sueño y voy a intentar que se haga realidad. Pero no es tan fácil y la realidad no es tan bonita como quisiéramos querer. Si tu llamas romanticismo a las noches sin dormir, a pasar un poco de penurias y andar preocupado en ese aspecto sí. Estamos haciendo algo en lo que creemos y está dando sus frutos, si eso es romanticismo, pues sí.