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El armamento químico que duerme en los mares europeos

hace 4 años101 views

Giovanni y Michele son dos hermanos que llevan décadas pescando en la costa italiana de Molfetta. Creen que su salud se ha visto afectada por las armas químicas que hace mucho tiempo cayeron aquí.

“Teníamos problemas respiratorios. Los ojos nos ardían y también las manos. Nos salieron ampollas rojas en las puntas de los dedos, como si fueran hongos”, recuerda Giovanni de Candia.

El departamento medioambiental del gobierno italiano les ha realizado varias pruebas a ambos pescadores y aún están esperando los resultados.
Pero Michele está convencido que la causa es el gas mostaza:

“Las bombas están por todas partes, con el tiempo se convierten en contenedores de metal corroído, hasta que el gas mostaza sale y se mezcla con el agua. Y cuando se recogen las redes, te arden las manos y los ojos. Mi padre pescaba con pesas, sacó las armas arrojadas por los alemanes y los ingleses.Las tiraban por todas partes, hay muchísimas, bombas convencionales y no convencionales, como las que llevan gas mostaza.”

El uso de armas químicas en Italia se remonta a diciembre de 1943, cuando los aviones alemanes bombardearon los barcos aliados en el puerto de Bari. Uno de los buques afectados fue el norteamericano John Harvey, con un cargamento secreto de gas mostaza, preparado para utilizarse como represalia si los alemanes jugaban esa carta en Italia.

Era un cargamento secreto porque durante los años 20, en la convención de Ginebra, tanto Estados, como Italia y Alemania había acordado no utilizar armas químicas en caso de guerra.

Pero el gas mostaza arrojado contaminó e incluso mató a soldados y civiles, especialmente a aquellos que trabajaron limpiando el puerto después de la guerra.

En la actualidad, los científicos marinos han estimado que hay cerca de 90 mil restos de armas que duermen en el lecho marino de la costa de Bari.

Un legado de las guerras que para el biólogo Nicola Ungaro, de la agencia medioambiental del gobierno A.R.P.A es mejor dejarlo debajo el agua:“podrían ser peor en tierra firme, quiero decir, en el lugar en el que se guardaran. Moverlas es peligroso, podría provocar la fuga de sustancias, y eso podría ser peor que dejarlas donde ahora están”.

Los pescadores saben los lugaren en donde no deben lanzar sus redes, pero muchos creen que lo que se debe hacer es sacar los restos de armamento químico del mar.

Es también la opinión del ingeniero ambiental Massimiliano Piscitelli, que va más lejos incluso. Dice que mar adentro hay bombas de racimo que contenían uranio empobrecido que fueron lanzadas por aviones de la OTAN cuando regresaban a base en el conflicto de Kosovo, en 1999.

Pero la prioridad para él sería limpiar las zonas más cercanas a la costa: “Una operación de limpieza de las bombas, cerca de la costa es muy cara y requiere mucho tiempo y personal. Es además peligrosa, pero es la única opción, ya que estas bombas fueron arrojadas a tan sólo un centenar de metros de la playa donde la gente nada o incluso en los puertos donde los pescadores amarran sus embarcaciones”, concluye Piscitelli.

Pero Italia no es el único país europeo que tiene que cargar con una herencia tóxica. Desde el mar Báltico hasta el Mar del Norte, millones de armas químicas que nos explotaron pueblan los lechos marinos europeos.

En Knokke-Heist, en la costa belga, muy cerca de la costa, reposan 35 mil toneladas de armas químicas de la Primera Guerra Mundial. Pescar y nadar está prohibido. Los científicos marinos que vigilan la zona creen que lo mejor es no tocarlas.

Jan Mees dirige el Instituto Marino de Flandes: “Se nos dejó con toneladas y toneladas de municiones. Principalmente municiones alemanas. Una gran cantidad de cabezas explosivas fueron sencillamente dejadas abandonadas en los campos de Flandes. Así que de una manera u otra, había que deshacerse de ellas, y el gobierno de entonces tomó una decisión muy rápida y fácil, buscaron un banco de arena en el mar en el pudieran enterrar las bombas, localizaron uno que no estaba muy lejos aquí, y durante seis meses cada día un barco lleno de cabezas químicas estuvo arrojándolas en ese lugar”.

Jan Savelkoels trabaja para una compañía belga especialista en la limpieza de armas químicas bajo el mar. Es también miembro de IDUM, una organización que estudia a nivel mundial esta problemática, y advierte que, tarde o temprano, se producirán fugas y se necesitará vigilar todos los arsenales. “Tenemos que implicar a las autoridades políticas en este problema, y eso es exactamente lo que está tratando de hacer IDUM, especialmente en los países bálticos, explicando cuál es el problema de toda esa munición que se encuentra en el fondo marino. En el Báltico estamos hablando de 1.600 millones de toneladas. En el Mar del Norte, 1.300 millones.”

En Molfetta, otra vez en Italia,
Matteo D’Ingeo acaba de crear un grupo de defensa medioambiental. Muy cerca de allí, nos muestra una construcción tapiada a cincuenta metros del mar con armas químicas en su interior.