Ejecuciones, abortos forzados y hambre; el infierno de los campos norcoreanos

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No se sabe con exactitud cuántos son, pero cálculos independientes basados en fotos de satélite calculan que el régimen norcoreano tiene a más de 200.000 presos políticos encerrados en campos de trabajo.

Los expertos que investigaron la situación del país durante un año, se centraron en once áreas, que incluyen presecución religiosa, privación de alimentos, tortura, ejecuciones y secuestros.

Dada la opacidad del régimen de Kim Jong Un, que se negó a colaborar, parte de los datos los han obtenido gracias a los testimonios de antiguos reclusos que lograron huir. Como el de una mujer que asegura que la obligaron a ahogar a su bebé o el de esta otra exprisionera que pasó nueve años en el campo de Yodok:

Kim Young Soon. Exprisionera de un campo de trabajo norcoreano:
“Trabajas de sol a sol. No hay horarios laborales establecidos. te levantas a las tres y media de la mañana para empezar a trabajar una hora después y luego ya no paras hasta que anochece. El sistema de culpable por asociación se aplica a los miembros de la familia, es decir, aunque yo sea la culpable, los seis miembros de mi familia tienen que venir conmigo al campo de prisioneros sin saber de qué cargos se les acusa”.

Jihyum Park. Exprisionera de un campo de trabajo norcoreano:
“Una vez en Onsung, las mujeres tienen que hacerse análisis de sangre para ver si están embarazadas o si tienen alguna alguna enfermedad que se transmita sexualmente. Si el test de embarazo es positivo, las obligan a abortar. Si no, las obligan a subir y bajar colinas cargadas de peso en los campos para provocarles un aborto”.

Joo-Il Kim era militar y desertó:
“La penuria de alimentos es el principal problema en el Ejército norcoreano, aunque civiles y militares lo sufren por igual. El hambre es el principal problema”.

La justicia es una perspectiva demasiado lejana, y el previsible veto chino bloquearía cualquier iniciativa para llevar a sus aliados norcoreanos al Tribunal Penal Internacional.

Roseann Rife. Directora de Amnistía Internacional para Asia:
“Lo que necesitamos es que China no obstruya ninguna acción que pueda tener lugar en el Consejo de Seguridad y también, que se tome en serio su responsabilidad de proteger los derechos humanos de los norcoreanos. Podrían empezar por ejemplo, no deportando a los norcoreanos que consiguen escapar del país”.

En Seúl, los surcoreanos asisten entre la impotencia y la conmoción a exposiciones como esta en la que una serie de dibujos describen la realidad cotidiana en campos a no muchos kilómetros de allí.

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