Juan Aparicio, autor de 'Un amigo en la ciudad'. 6-2-2014

Periodista Digital
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El húngaro Ferenc Karinthy jugó en su mejor obra -Metrópolis- con un profesor cuyo avión aterriza en un país inesperado, donde todos le tratan con cortesía pese a que hablan un idioma desconocido. Nadie le entiende y el no entiende a nadie. Perplejo y lleno de estupor se enfrenta a su nueva vida allí incapaz de conectar con nadie y en el que solamente una joven ascensorista parece empatizar con él.

Recuerdo esto por que el esquema que nos propone Juan Aparicio Belmonte en su más trabajada novela Un Amigo en la ciudad es parecido. Andrés se da cuenta que su percepción de la realidad ha viariado. Su mujer Gretchen ha cambiado, nota que sus amigos, su hija y su trabajo no son los mismos; ni siquiera su ciudad, Madrid, está reconocible. Todos malinterpretan sus gestos y actitudes, todo está confuso. Su estupor y perplejidad siguen creciendo mientras el sigue viendo la vida "con la seriedad propia de los asnos".

Lo que comienza con las aventuras de un grupo de jóvenes góticos, sigue con la tal Gretchen trasmutada en bozo viviente por la imaginación de Andrés, avanza con las inquietantes sonrisas matinales de su jefe, finalmente acaba con un psiquiatra al que los teléfonos le atacan y... con un ornitorrinco que habla convertido en el símbolo de la lucidez.

Divertida, entretenida, jugosa y fresca juega con Madrid como un personaje importante haciéndole uno más de la partida, un ente vivo que respira e influye en sus ciudadanos. Las relaciones de pareja, las laborales incluso la fantasía tienen su lugar en esta obra que recomendamos a quienes gusten de disfrutar leyendo, pensando y riéndo, todo a la vez.

Juan Aparicio Belmonte mide bien el tiempo de su obra que comienza como una comedia ligera en su primera mitad, se torna dramática a partir de ahí para acabar con un despliegue de fuegos artificiales digno de un buen escritor.

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