El cirílico, símbolo de la división de Vukovar

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Nos encontramos en la ciudad croata de Vukovar, una ciudad que aún conserva las marcas de la guerra que hizo estallar la ex-Yugoslavia en 1991.

Hoy, pese a haber sido reconstruida, sigue siendo el símbolo de la lucha por la independencia, una lucha considerada, aquí, como causa nacional.

La introducción del alfabeto cirílico en la señalización pública ha levantado ampollas.
Pese a que es un derecho que la Constitución croata otorga a la minoría serbia, un tercio de la población de Vukovar, la mayoría de los ciudadanos lo considera una afrenta.

Las viejas rencillas tomaron otro cariz, el pasado mes de septiembre cuando un grupo de veteranos de guerra croatas arrancó las placas en cirílico de los edificios públicos de la ciudad. Una reminiscencia, argumentan, del dolor que supuso hacer frente al Ejército serbio cuando Croacia declaró su independencia.

Danijel Rehak lo sabe muy bien, este veterano de guerra es el guardian de la memoria de aquella época. Se encuentra en la sala que honora la lucha de todos aquellos soldados capturados en 1991 en Vukovar por el Ejército serbio, muchos no regresaron.

Rehak ha participado en las protestas:

“No queremos ver en nuestras calles el alfabeto cirílico porque esas letras sirvieron para cometer aquella agresión contra la ciudad de Vukovar en 1991. 5.000 ciudadanos fueron aniquilados, resistentes, niños, ancianos. Todavía hay 401 personas desaparecidas.”

En agosto de 1991, el Ejército yugoslavo y milicias serbias atacaron la ciudad de Vukovar tras la declaración de independencia de Croacia. El asedio duró tres meses tras el cual la ciudad fue integrada en la República serbia de Krajina durante cuatro años.

Uno de los episodios más sangrientos fue la masacre de los pacientes y el personal del hospital de Vukovar.

Vesna Bosanac fue la encargada de la clínica durante el asedio. Para ella, el gobierno no ha sabido respetar el peso emotivo que Vukovar tiene en la conciencia nacional:

“Cuando volvimos tras la firma de los acuerdos de paz en 1997, todo estaba escrito en cirílico. Luego comenzó el proceso de reintegración y todo aquello que estuviera escrito en cirílico dejó de tener valor. Ahora, tras el censo reactualizado en 2011, el alfabeto cirílico ha sido de nuevo reintroducido en los edificios oficiales. Algo que no habría supuesto ningún problema si las heridas hubieran cicatrizado, pero la gente aún no ha hecho su duelo, aún quedan personas desaparecidas. Así que, con el alfabeto cirílico, es como si se vertiera alcohol en las heridas aún abiertas.”

Hoy, este hospital se ha convertido en un museo a la memoria de este sufrimiento.

Un recuerdo que muchos sienten manipulado y al servicio de fines políticos.

Pero el gobierno de Zagreb se defiende aduciendo que el reconocimeinto de los derechos de la minoría serbia era una premisa necesaria para ajustarse a las exigencias europeas. Croacia es, desde julio, el vigésimo octavo miembro de la Unión Europea.

Para el Ministro de los veteneranos de guerra, el problema reside en las reminiscencias de esa conflicto aún presentes.
Fred Matic:
“Los serbios no han logrado esa catarsis que supone aceptar todo lo que hicieron ellos y en el seno del Ejército yugoslavo, cuando Serbia y Montenegro cometieron aquellas agresiones contra Croacia. No han terminado de aceptar todo aquello. Sabemos que el peso de ese pasado, la responsabilidad, también recae en la parte croata, pero los croatas sólo aceptarán su culpa si los serbios la reconocen en primer lugar.”

La reconciliación nacional está aún lejos, algo evidente en el sistema de educación.

Aquí en Vukovar, los niños croatas y serbios van a las mismas escuelas pero no se mezclan, croatas y serbios asisten a clases por separado.

Los estudiantes serbios estudian el alfabeto latino y el cirílico, también, acuden a sus propias clases de Historia, una segregación que forma parte de los acuerdos de paz de Dayton con los que se quiso preservar la identidad nacional serbia.

El director de la escuela es serbio, vivió el asedio de Vukovar y, hoy, es una personalidad respetada por ambas comunidades.

La integración, dice, la bloquean los adultos, no los niños.

Zeljko Kovacevic:
“Los políticos definen las reglas y la gente se muestra reacia. No sirve de nada imponer cosas si la gente no se libera y piensa con independencia. Eso es lo que más me molesta, que incluso gente instruida no sea capaz de liberarse de ciertos pensamientos. Solo si nos deshacemos de las rencillas, esta ciudad podrá volver a vivir, a prosperar, solo entonces, los niños aprenderán a convivir los unos con los otros.”

Los detractores del sistema educativo que impera en Vukovar creen que pese a la imposición de recreos mixtos, fuera de las aulas, la enseñanza segregacionista no ayudará a cerrar las heridas del pasado.

Para los padres, sin embargo, el principal problema es cómo explicar ese pasado a sus hijos.

Sasha Mrkalj es serbia, su familia ha vivido en Vukovar desde hace siglos. Su hijo mayor tiene once

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