Advertising Console

    Isabel Barceló, autora de 'La muchacha de Catulo'. 28-10-2013

    Repost
    Periodista Digital

    por Periodista Digital

    125
    12 vistas
    Este delicioso libro es, en parte, un homenaje a Roma. La autora vivió allí un tiempo y luego siempre regresa. En la novela se percibe este amor a la ciudad eterna e incluso hace que se desee visitarla. También es un homenaje a la mujer, que tantos inconvenientes ha padecido a lo largo de la historia. La mujer, prácticamente, ha estado indefensa frente a los desmanes de los hombres. A Isabel Barceló Chico este asunto le duele y ha querido reflejarlo y ha aprovechado para ello sus conocimientos de la Roma antigua.
    Ha elegido para ello el mismo asunto con el que Carl Orff compuso su "Catuli Carmina", aunque su visión del asunto es ligeramente diferente. El procedimiento elegido para contar la historia es la correspondencia refererida al asunto entre varios de los personajes que intervienen en ella.
    Clodia es una mujer muy bella, de carácter fuerte e independiente que resulta degradada socialmente, humillada y vilipendiada, por los chismes y habladurías propagados por Cayo Valerio Catulo y sus amistades, simplemente porque no accedió a dejarse enjaular por él. Las cosas pudieron ser tal como las interpreta la autora de la novela o pudieron ser de otro modo, lo indiscutible, y es lo que ella quiere recalcar, es la indefensión de la mujer ante una circunstancia como la descrita.
    Cayo Valerio Catulo es un poeta muy bueno, y esto se aprecia en los poemas transcritos en el libro, pero además de eso es un hombre que no controla sus pasiones y que convierte cualquier capricho en una necesidad a la que no puede renunciar.
    Frente a esto, ¿cómo podía en esa época defenderse una mujer? El poeta es, además, amigo de Cicerón y éste, a su vez, es enemigo de ella y de su hermano Clodio.
    Ambos hermanos, Clodio y Clodia, detestan los convencionalismos, que entonces de obligado cumplimiento en aquella sociedad. Esos convencionalismos, no obstante, permitían pintadas difamatorias en las paredes.