Advertising Console

    Domingo XXVI del T. O. (C), 29-9-2013

    Repost
    73 vistas
    Queridos todos,
    Vamos a escuchar juntos la palabra de Dios y a compartir la mesa del Señor una vez más.
    La parábola del rico “epulón” nos invita a abrir los ojos hacia el Señor, a darnos cuenta que en Él está la verdadera justicia, la que nos lleva a la vida eterna, y que no nos tenemos que dejar llevar por lo terrenal, por las riquezas o comodidades. Tenemos que abrir el corazón a todos, sin reparos, sin prejuicios, sin miedo a sufrir.

    San Pablo lo recuerda también muy bien, nos invita a practicar la justicia, la piedad, la fe, el amor, la delicadeza, a pesar de todo y todos.

    Lectura del santo Evangelio según San Lucas (16, 19-31)

    En aquel tiempo, Jesús dijo a los judíos: Había un hombre rico que se vestía con lujo y cada día celebraba un banquete.
    Y había un pobre llamado Lázaro que estaba sentado a la puerta de la casa del hombre rico esperando para comer las sobras del banquete, pero nadie se lo daba. Y los perros le lamían las llagas.
    Un día se murió el hombre pobre y los ángeles lo llevaron al Cielo. Después murió también el rico y lo enterraron.
    Y estando en el infierno, miró al Cielo y vio de lejos a Abrahán y a Lázaro y gritó: -Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro con un poco de agua para refrescarme, porque sufro mucho con el fuego.
    Pero Abrahán le contestó: -Hijo, recuerda que cuando vivías ya tuviste mucha riqueza y Lázaro nada: por eso aquí tiene consuelo, mientras que tú padeces. Además desde aquí hasta donde tú estás no se puede ir, ni tampoco se puede venir.
    El rico dijo: -Por favor manda a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo 5 hermanos, para que, cuando le vean, se evite que vengan también aquí.
    Abrahán le dice: -Ya tienen a Moisés y a los profetas: que les escuchen.
    El rico contestó: -No, padre Abrahán. Porque, si un muerto va a verlos, se arrepentirán. Abrahán le dijo: -Si no escuchan a Moisés y a los profetas, tampoco escucharán a un muerto que resucite.